
Y siempre es lo mismo, se acerca mi cumpleaños y empiezo con ese revoltijo en la guata, con esas ganas de dejar todo tirado y mandarme a cambiar a cualquier lado...
Con esas ganas de no hacer nada y salir de la casa sin rumbo... terminar en un café, escribir algo y sentir que la vida sigue a pesar de que yo no esté en nada.
Me pongo más intolerable, menos comprensiva, mil veces más sensible de lo normal... y por supuesto, más demandante.
Y bueno, supongo que es el síndrome pre-cumpleañero de un viernes 30 de septiembre, sólo quedan 8 días.
Quiero... simplemente estar tranquila y sentir que me quieren.
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